
André Breton
La pintura surrealista se puede definir como una expresión de las artes plásticas contemporáneas que se identifica por la inclusión de elementos que superan o sobrepasan la realidad.
El surrealismo se basa en la creencia de una realidad superior de ciertas formas de asociación desdeñadas hasta la aparición del mismo, y en el libre ejercicio del pensamiento.
Tiende a destruir definitivamente todos los restantes mecanismos psíquicos, y a sustituirlos por la resolución de los principales problemas de la vida
A menudo se usan para generar atracción en las obras y en su combinación de elementos e historias.
Un rasgo característico de la pintura surrealista es que a través de una presentación de objetos carente de cualquier sentido lógico se puedan dar distintas interpretaciones a una imagen
En la mayoría de los casos, a la vida moderna y a las concepciones tradicionales tanto del arte como del pensamiento.
Se mezclan conceptos, figuras o emociones que no tendrían cabida en el marco de un pensamiento lógico. Se da acceso a los campos más profundos del pensamiento con completa distancia de la atadura racional
Es una referencia fundamental del surrealismo y del trabajo de este pintor. Al fondo, vemos un paisaje que nos recuerda el trazo leonardesco. La luz es un elemento característico de Dalí. En el primer plano, los relojes blandos anuncian la relatividad del tiempo. El espacio también se relativiza por medio de luces contrarias. Una figura informe yace en la superficie del universo pictórico. Algunos ven en ella rasgos del rostro de Dalí.

Nos presenta un mismo cuerpo desgarrado en dos mitades que, aun así, parecen agredirse una a la otra. En el suelo se ve un puñado de judías hervidas (habichuelas o frijoles), quizá símbolo de la carestía que reinaba en España, quizá símbolo de lo "indigerible" del conflicto. Esta representación de un cuerpo desmembrado es la alegoría de la guerra civil.
En este lienzo, se presenta una escena desolada con figuras dispersas y desproporcionadas entre sí, que llaman aún más nuestra atención al considerar el título: "¡Mamá, papá está herido!". Este juego entre las palabras y la obra pictórica crea un estado mental distinto en el observador, que no encuentra en el lienzo elementos de los que asirse, al menos no en una lectura rápida.
En la composición dominan dos elementos: un hombre que fuma una pipa al mismo tiempo que esta se cierra sobre su nariz; y una vela encendida que se derrite abrazando una mesa.
La composición pareciera acusar la "autorreferencialidad del pensamiento".
El fumador, que dirige al espectador una patética mirada de autocompasión, es claramente Magritte, que al denunciar la circularidad de su pensamiento nos revela indirectamente la fertilidad de su imaginación, que tiene el poder de transformar una vela en una forma ágil y mórbida y el acto de fumar en una metáfora de la indagación filosófica.
Man Ray incursionó en el dadaísmo y el surrealismo. En esta obra, trabaja con los elementos eróticos en alusión al psicoanálisis freudiano. El lienzo toma la mitad de su nombre del servicio telefónico que proporciona la hora del Observatorio. En efecto, en la franja inferior vemos el observatorio que Man Ray decía contemplar a diario en sus paseos por los jardines de Luxemburgo. Suspendido en el cielo vemos un par de labios, alegoría de los cuerpos amantes unidos. Se subraya así la plenitud de la hora o el tiempo del amor.